jueves, 16 de junio de 2011

El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives, 2010), de Apichatpong Weerasethakul

Una película nos permite viajar a lugares distantes, experimentar modos de vida diferentes del nuestro. El cine de Apichatpong Weerasethakul es exótico, sensorial. El hombre que podía recordar sus vidas pasadas está basado en un libro budista y contiene elementos mágicos, fantásticos. En el inicio, un buey se interna en la selva, la cual parece dotada de vida. Luego, sabremos que está habitada por ánimas, criaturas de espeso pelo y ojos rojos, dilatados. El tío Boonmee, quien recibe la visita de su cuñada Jen y de un sobrino de ella en la granja donde cultiva tamarindos y cosecha miel de abejas, presiente la llegada de la muerte. Padece una insuficiencia renal severa, por lo que debe someterse diáriamente a sesiones de diálisis. Los tres serán sorprendidos una noche, durante la cena, por la llegada del fantasma de la mujer del tío Boonmee, fallecida diecinueve años atrás y por la del hijo de ambos, quien desapareció unos años después, convertido en uno de esos seres que viven en la jungla llamados "monos fantasmas", lo cual es aceptado con total naturalidad por los presentes. Enlaza con este episodio el de una princesa entristecida por la pérdida de la belleza, quien es consolada por un pez gato parlante que habita un espejo de agua. Más tarde, los integrantes de la familia, vivos y aparecidos, se introducen en en la espesura con destino a una cueva que es como un vientre materno y donde Boonmee ha nacido, en vidas pasadas, no sabe si como un hombre, una mujer o un animal, y donde encontrará la muerte. En el final, el sobrino de Jen, abandona sus hábitos por un momento, para ir a cenar junto a ella, desdoblándose ambos, en otra secuencia sobrenatural, pues permanecen, al mismo tiempo en la habitación de un hotel. Es toda la acción que transcurre durante la película. Weerasethakul prescinde de la narración, al menos en términos convencionales. En El hombre que podía recordar sus vidas pasadas no se propone contar una historia, sino retratar, describir a las personas, a la naturaleza, capturar aquello que la existencia tiene de cotidiano y, a la vez, de mágico. Sólo restan unas notas, meras referencias a la situación política de Tailandia: lo que le ocurre al tío Boonmee es producto de su mal karma debido a haber matado a muchos comunistas; y al prejuicio que existe en dicho país sobre los inmigrantes laosianos, representados en el personaje de un trabajador que asiste a Boonmee.
Resta decir algo sobre una interpretación errónea, en mi opinión, y que el propio director desmiente, sobre cierto carácter optimista de su cine. Creo que lo que se impone es una visión teñida por el budismo cuya representación de las cosas transmite una serena aceptación de la vida y de su culminación, y una apertura a aquello que es supernatural, trascendente.
Un cine totalmente diferente del que acostumbramos ver.

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