domingo, 16 de septiembre de 2012

Pusher II (2004), de Nicolas Winding Refn

El protagonista de Pusher II es Tonny (Mads Mikkelsen), uno de los personajes secundarios de la primera parte, lo cual es un hallazgo en esto de las sagas.
Egresado de la cárcel, Tonny está decidido a recomponer su vida, pero tiene deudas por pagar, debe mantener un inesperado hijo y su amigo Kurt (Kurt Nielsen) lo involucra en un nuevo desfavorable intercambio con Milo (Zlatko Buric), el proveedor de drogas.
Su plan es incorporarse al negocio familiar de robo de autos, pero tiene por delante una difícil empresa: ganarse la confianza de El Duque (Leif Sylvester), su padre y jefe de la banda, quien no muestra respeto alguno por él (Tonny tiene la palabra "respeto" tatuada en la nuca).
El segundo inconveniente que enfrenta es que simplemente no tiene madera de gangster.
Fácil es adivinar que las cosas van a ponerse complicadas para Tonny, quien no va tener salida cuando deba asumir la deuda de Kurt frente a El Duque, deuda que no está en condiciones de honrar. En su huída, habrá lugar para un acto de redención.
El mayor mérito que muestra Winding Refn también en esta continuación, consiste en humanizar a sus personajes, dotarlos de vida, e incluso caricaturizarlos. Son sádicos, mezquinos y no demasiado inteligentes. El director explota sus dudas, sus debillidades, lo que recuerda la sugestiva mirada de la mafia realizada en la serie de televisión Los Soprano o en películas como Goodfellas (1990), de Martin Scorsese, o Ghost Dog: The Way of the Samurai (1999), de Jim Jarmusch.

lunes, 27 de agosto de 2012

Pat Metheny - Unity Band (Nonesuch, 2012)

El único antecedente de un disco solista de Pat Metheny usando un cuarteto con saxofón es: 80/81 (ECM, 1980), donde participaron los desaparecidos saxofonistas Dewey Redman y Michael Brecker. Otras grabaciones que pueden mencionarse como sendas incursiones en dicho formato, con Metheny como acompañante, son: Wish (Warner Bros., 1993), de Joshua Redman, y Pursuance: The Music of John Coltrane (Warner Bros., 1996), de Kenny Garrett; sin olvidar el antológico Song X (Geffen, 1985), la colaboración con su admirado Ornette Coleman. Pero la verdadera génesis de Unity Band debe buscarse en el tema Arena (Sand), perteneciente al primer álbum como líder del baterista Antonio Sánchez, llamado Migration (Cam Jazz, 2007), donde graba con el saxofonista Chris Potter (Dave Holland, Dave Douglas). Al contrabajista Ben Williams (Marcus Strickland), ausente en el disco de Sánchez, lo conoció cuando Christian McBride, el contrabajista de su último trio a la fecha, lo invitó a un evento realizado en Juilliard con alumnos de dicha escuela de música, quedando maravillado con la interpretación del joven músico. En cuanto a Sánchez, colabora con el guitarrista desde la edición, hace una década, de Speaking of Now (Warner Bros., 2002), del Pat Metheny Group, empleándolo también en los proyectos paralelos a la banda.
Unity Band comienza con los agridulces aires latinos de New Year, donde Potter toca un sorprendente solo, muy expresivo, en el mismo tono conmovedor del que ejecutara en Arena (Sand). Roofdogs contiene la acostumbrada dósis de guitarra sintetizada, instrumento con el cual Metheny ha logrado una identificación, añadiendo un sentido dramático. Come and See inicia con una cadenciosa introducción de Potter en clarinete bajo acompañado de unos rasguidos de la guitarra Pikasso, de 42 cuerdas, para continuar en una demostración de dinámica por parte del cuarteto. This Belongs to You, tocada por Metheny con suma calidez en la guitarra acústica, recorre los habituales paisajes pastorales propios del medio oeste norteamericano, su lugar de nacimiento. En el animado, contagioso Signals (Orchestrion Sketch), el guitarrista usa un orquestrión, una orquesta de robots musicales, cuyo precedente se sitúa en el siglo diecinueve, accionados por solenoides o dispositivos electromagnéticos y controlados con un pedal de efectos; novedad presentada en el disco Orchestrion (Nonesuch, 2010). En el cierre, Breakdealer es un tiempo rápido con una línea melódica apremiante, urgente, en un estilo más decididamente orientado al jazz, donde destaca la propulsiva labor de Antonio Sánchez en la batería.
A medio camino entre los trabajos con el Pat Metheny Group y los trios de guitarra, Unity Band muestra, a pesar de continuar sin hacer cambios sustanciales en el contenido de su música, que las dotes de Pat Metheny como improvisador extraordinario y hábil melodista siguen intactas. ***1/2

sábado, 11 de agosto de 2012

Pusher (1996), de Nicolas Winding Refn

Pusher describe una semana en la vida de un traficante que inicia una desesperada carrera por sobrevivir cuando se frustra una transacción por la intervención de la policía y contrae una deuda con un capo de las drogas. Obligado a reunir el dinero, se encontrará atrapado en un espiral de violencia que lo conducirá a un punto sin retorno. Frank (Kim Bodnia) es impulsivo e incapaz de demostrar afecto. Muele a palos (literalmente) a su amigo Tonny (Mads Mikkelsen) ante la sospecha de una delación y un prejuicio le impide aceptar la atracción que siente por su novia prostituta Vic (Laura Drasbaek). Su medio ambiente son los sórdidos bares y boliches donde tienen lugar los disputados intercambios, ámbitos hostiles en los que el incumplidor es castigado con brutalidad. Sin escrúpulos, cuando Frank se sienta apremiado, no dudará en utilizar a todos e incluso robar a sus clientes para salvarse. Los barrios bajos de Copenhague son el escenario que aparenta cobrar vida a cada apurado paso del dealer, quien parece presa de un mal designio y recrear en su derrotero el conocido adagio: "Si algo puede salir mal, saldrá mal".
Promisorio debut del danés Nicolas Winding Refn, quien logra dotar a la historia y a los personajes de verosimilitud y frescura, un ejemplo más de un realizador que exhibe aptitudes en su país de origen y en el traslado a Hollywood parece licuar su talento [ver crítica de Drive].

lunes, 6 de agosto de 2012

Miguel Zenón - Alma Adentro: The Puerto Rican Songbook (Marsalis Music, 2011)

Miguel Zenón es un saxofonista originario de Puerto Rico que ha recibido dos prestigiosos premios en 2008: McArthur Fellowship y Guggenheim Fellowship. Alma Adentro: The Puerto Rican Songbook es el título de su último álbum, en el que procura un reencuentro con sus raíces, interpretando diez canciones de importantes autores de Puerto Rico, incorporadas al jazz a modo de standards (canciones populares usualmente asociadas a bandas de sonido de películas, cuya estructura armónica es usada como para base para la improvisación), conservando toda la energía propia de dicho legado musical, de un modo similar a lo que hiciera Paquito D'Rivera en Portraits of Cuba (Chesky, 1996). Miguel Zenón demuestra encontrarse en plenitud, sonando romántico, apasionado, en Incomprendido y Amor; vital y exuberante en Juguete y Olas y arena. Es significativa la participación del talentoso arreglador argentino Guillermo Klein, quien añade arreglos para una sección de vientos que funcionan como perfecto sostén para el solista, sin ser obstrusivos, destacándose en: Silencio y Alma adentro. También merece reconocimiento la labor de la banda regular del saxofonista, compuesta por. el pianista venezolano Miguel Perdomo, el contrabajista Hans Glawischnig y el baterista Henry Cole, los mismos que colaboraron en Esta Plena (Marsalis Music, 2009) y Awake (Marsalis Music, 2008). ****

domingo, 5 de agosto de 2012

Stefon Harris/David Sánchez/Christian Scott - Ninety Miles (Concord, 2011)

El vínculo del jazz con los ritmos afrocaribeños puede rastrearse en la tradición misma de New Orleans, siendo revalorizado por, entre otros, el iniciador del estilo bebop: el genial trompetista Dizzy Gillespi. Ninety Miles (noventa millas es la distancia entre La Habana y Miami) es una nueva aproximación de músicos norteamericanos a la riqueza musical propia de Cuba, en la misma sintonía de Habana, el disco que grabara el trompetista Roy Hargrove junto a la agrupación Crisol en 1997 para el sello Verve, pero obteniendo un resultado más satisfactorio en términos de cohesión grupal. Ninety Miles es un proyecto que reune al vibrafonista Stefon Harris, al saxofonista nativo de Puerto Rico David Sánchez y al trompetista Christian Scott junto a dos cuartetos integrados por músicos cubanos y liderados por los pianistas Rember Duarte y Harold Lopez-Nussa, que pueden distinguirse por la inclusión en el primero del estimulante bajista eléctrico Osmar Salazar. Ambos pianistas añaden las características acentuaciones sincopadas asociadas con los ritmos caribeños, aportando también sus propios temas: Ñengueleru y Congo, E'cha y La fiesta va, respectivamente. Stefon Harris combina en su ejecución energía y sutileza, firmando tres composiciones: And This Too Shall Pass, Black Action Figure, en nuevas versiones, y Brown Belle Blues. David Sánchez tiene una interpretación más contenida, moderada, en relación a sus arrolladoras performances de principios de los noventa, contribuyendo con sus originales: City Sunrise y The Forgotten Ones, este último incluido en Cultural Survival (Concord, 2008). Christian Scott, un ascendente trompetista oriundo de New Orleans, agrega frescura, a pesar de que se extraña un poco más de fuego en la interacción con el saxofonista. ***1/2

domingo, 22 de julio de 2012

Headshot (2011), de Pen-Ek Ratanaruang

Tul (Nopachai Chaiyanam) es un policía honesto que durante un procedimiento por drogas descubre un cargamento de heroína que involucra al hermano menor de un ministro. Extorsionado para que declare a favor del narcotraficante, se niega y es enviado a la cárcel.
El Demonio (Kiat Punpiputt) es un médico que sostiene en un artículo que los hombres están dominados por sus genes malvados. Ante el fracaso del sistema represivo y de la educación, la solución podría ser el ojo por ojo. Tul se siente atraído por tal teoría y se pone en contacto con El Demonio, quien le ofrece ser un asesino a sueldo para una organización que tiene por blanco a criminales. En el momento de cumplir con el encargo de asesinar a un político corrupto, Tul recibe una bala en la cabeza que lo deja en coma durante tres meses. Cuando se recupera ve todo al revés.
El realizador tailandés Pen-Ek Ratanaruang se sirve de continuos avances y retrocesos en el tiempo para exponer que el protagonista no puede evitar el propio karma en su búsqueda de expiar los pecados, dando forma a un film noir teñido de budismo. Ya en Invisible Waves (2006) sugería que no es posible escapar de las consecuencias de nuestros actos.
Si la conversión del protagonista en monje supone un modo distinto de enfrentar el mal en el mundo, los acontecimientos del final confirmarían la tesis fatalista de una sociedad condenada al fracaso.

miércoles, 27 de junio de 2012

Cold Fish (Tsumetai Nettaigyo, 2010), de Sion Sono

Shamato (Mitsuru Kukikoshi) es el dueño de una modesta tienda de peces tropicales. Está casado con Taeko (Megumi Kagurazaka), su insatisfecha segunda esposa, y es padre de Mitsuko (Hikari Kajiwara), quien no acepta la pérdida de la madre y lo rechaza por haber vuelto a contraer matrimonio. Por las noches, sueña con realizar su idílica visión de las relaciones familiares que contrasta con una cruda realidad dominada por la indiferencia. Cuando la hija es atrapada en el intento por robar un supermercado y el encargado amenaza con llamar a la policía, el carismático propietario de la tienda de peces exóticos más grande de Tokio, llamado Murata (Denden), intercede para que no castiguen a la joven. A partir de este incidente, los comerciantes iniciarán un vínculo donde el más exitoso someterá al más débil, ejerciendo su influencia sobre cada integrante de la familia: despertando en la esposa deseos reprimidos, posibilitando a la adolescente abandonar el hogar común y haciendo cómplice al padre de sus asesinatos.
Las escenas donde Murata ejerce sobre Shamato tal violencia física y psíquica que doblega su voluntad son aún más impactantes que aquellas en las que aparece junto a su pareja Aiko (Asuka Kurosawa) rodeado de trozos de carne, en plena tarea de descuartizar a sus víctimas.
La sociedad actual impone severas exigencias en términos de competencia y también de orden moral que tienen por consecuencia hombres cercenados, imposibilitados de vivir en plenitud y de experimentar placer.
La película ilustra la reivincación, descenso al infierno mediante, de un anestesiado padre que busca recomponer el orgullo herido por su esposa e hija.
El realizador japonés Sion Sono muestra una singular fuerza narrativa y obtiene muy buenos resultados con sugerentes espacios como las tiendas dominadas por peceras o la casa en el bosque provista de símbolos religiosos.
Como expresión del mejor cine negro, al que se añaden elementos gore, Cold Fish ofrece una desesperanzada mirada del hombre no exenta de humor.

sábado, 5 de mayo de 2012

Puentes Amarillos: Aznar celebra a Spinetta - Plaza Italia, 29 de abril de 2012

Recital gratuito de Pedro Aznar con el motivo de "celebrar" la música de Luis Alberto Spinetta, vocablo elegido por oposición al de "tributo", puesto que, según Pedro: “Tributo es una palabra que aleja. Celebración, acerca”. Realizado en Plaza Italia, reunió en un frío domingo de un fin de semana superlargo a una por demás nutrida concurrencia. Abro un paréntesis con un contenido un poco intolerante para decir que los conciertos de rock con entrada libre suelen ser tan masivos que conspiran con la posibilidad de poder presenciar lo que ocurre sobre el escenario de un modo mínimamente satisfactorio. Junto a quienes tenemos interés en escuchar se encuentran aquellos que aprovechan la ocasión para pasar el rato o vender lo que sea. En esta oportunidad, pude observar gente sentada tomando mate a las 21 hs. con una temperatura de 12º entre personas que caminaban a su alrededor casi pisándolas. En fin, cierro el paréntesis.
¡Qué extraña sensación escuchar a Spinetta interpretado por otro! Tocar la música de El Flaco es una empresa laboriosa debido a que se trata de un artista cuya obra tiene un sello significativamente personal. Pedro sorteó con éxito semejante dificultad con fundamento en su propia madurez, recreando las piezas con el respeto que merecen los clásicos pero sin pretender copiar a Spinetta. Asimismo, añadió su virtuosa voz y unos adecuados arreglos que tuvieron el acierto de brindar cohesión a un repertorio que une sonidos muy enraizados en el rock en los tempranos temas de una agrupación como Pescado Rabioso, con otros donde es más notable la influencia del jazz, como los de Invisible o Jade.
Pedro interpretó, entre otras: Los libros de la buena memoria (no digo que no sea posible componer una pieza más bella pero no es nada sencillo); Blues de Cris; Cementerio club; tema de Lenny Blues, una comedia musical inédita cuya música incidental es de Pedro y el tema principal, de Luis; Sexo; Barro tal vez; Durazno sangrando, las dos últimas junto a Roxana Amed, que se refirió a Durazno como "una canción emblemática entre tantas"; Alas de la mañana, única coescrita por autor e intérprete, interpretada dos veces por fallas en un micrófono; No ves que ya no somos chiquitos; El anillo del capitán Beto; Que ves el cielo, ¡Cuántas veces escuché esta canción en una reunión o fogón!; Quedándote o yéndote, perteneciente a Kamikaze, un disco de los favoritos por los fans, vergonzosamente descatalogado; Seguir viviendo sin tu amor, la composición más popular de Luis en los últimos veinte años; Muchacha ojos de papel, "Esta quiero que se la canten Uds. a Luis", entonada casi reverencialmente por la audiencia, lo que hizo que el momento fuera aún más emotivo; Ella también, una de sus canciones más hermosas.
Junto a Pedro, participaron la cantante Roxana Amed, el tecladista Andrés Beeuwsaert y Pomo, baterista de bandas como Invisible y Spinetta-Jade.

viernes, 4 de mayo de 2012

Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente [14]

Entre los días 11 y 22 de abril se llevó a cabo una nueva dición, la número 14, del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, que continúa apostando por la pluralidad, recibiendo un masivo apoyo del público y demostrando que existe un sostenido interés por el cine producido por fuera de la gran industria. Un cine que no consista en mero entretenimiento, aunque también tenga esa nota, sino un reflejo más fiel de lo cotidiano, donde los actos transcurran a la velocidad en la que suceden las cosas y no por ello sea tachado de lento y aburrido, en lugar de las vertiginosas repetidas imágenes que sólo buscan procurar un impacto, consecuentemente fugaz, imágenes que sugieran y no simplemente estallen ante nuestros ojos.
Tuve la oportunidad de asistir a la proyección de dos largometrajes: uno de origen francés, llamado L'âge atomique, y el restante de Corea del Sur, de nombre Stateless Things. Ambas realizaciones tienen en común: un tema un tanto recurrente, las dificultades de adaptación de los jóvenes en un medio urbano; cierta morosidad narrativa y significativos aciertos en el aspecto formal, en particular en la dimensión simbólica que presentan las escenas (opuestas) en los espacios abiertos (el trayecto en tren del principio y la incursión por el bosque del final en L'âge atomique, el recorrido en moto por la autopista en el inicio y la caminata que anuncia el fin en Stateless Things) y cerrados (la disco en L'âge atomique, el karaoke y el lujoso piso en Stateless Things).

L'âge atomique, de Héléne Klotz
Victor (Eliott Paquet) y Rainer (Dominik Wojcik) son dos jóvenes que viajan en tren rumbo a la noche de Paris. Ellos encarnan los caracteres atemporales de la juventud: vitalidad, ímpetu, romanticismo, desborde emocional, sensación de vacío, apariencia de invulnerabilidad que se conjuga con suma fragilidad. La película procura un retrato de los personajes mientras los sigue en su camino matizado de rock, poesía, alcohol y bebidas energizantes: sus deseos insatisfechos, incertidumbres, ambigüedad sexual, diferencias de clase expuestas en una discusión a la salida del boliche. A la ciudad que se muestra como amenazante e inhospitalaria, se opone un fantasmal bosque al que ingresan los protagonistas cuando toman un atajo en el regreso a casa y por el cual avanzan extraviados, a modo de metáfora de la desorientación y la ausencia de señales claras propias de la adolescencia.

Stateless Things, de Kim Myung-mook
Joon (Lee Paul), un joven norcoreano ilegal que trabaja en una estación de servicios y reparte volantes con publicidad, defiende a una compañera china que es acosada por el jefe de ambos produciéndose una violenta pelea que los obliga a escapar. Una vez sin empleo, Joon termina prostituyéndose.
Hyun (Yeom Hyun-joon) es otro joven que, por oposición, tiene una vida acomodada junto a un ejecutivo casado que lo mantiene, habitando en un moderno departamento cercano a los edificios gubernamentales, con vista a la otra gran protagonista, una despiadada, inalcanzable ciudad de Seul.
Luego de una hora y media de metraje, mientras la cámara sigue a Joon en una caminata al alba por la ciudad desierta, aparece en pantalla el nombre del film anunciando la escena final, donde ambos personajes, que se relacionan vía internet, intentan un suicidio para después fundirse y renacer en la espectral ciudad.
El tema es el maltrato, el abuso, de aquellos que se encuentran en una situación de precariedad laboral por su condición de jóvenes y/o indocumentados.

domingo, 18 de marzo de 2012

John Zorn/Masada - Teatro Coliseo, 15 de marzo de 2012

John Zorn es un versátil y prolífico saxofonista y compositor identificado con la escena de vanguardia de la ciudad de Nueva York desde los ochenta. Su obra está compuesta por más de cien grabaciones como líder, en su mayoría editadas por el sello de su creación llamado Tzadik e incluye una gran variedad estilística: avant-garde, hard rock, surf, música de cámara, bandas de sonido de películas, etc.
Masada, su proyecto esencial entre una serie innumerable (Naked City, Bar Kohkba, Painkiller, The Dreamers, etc.) tiene distintas versiones: Electric Masada, Masada String Trio, Masada Guitars, Masada Sextet, entre otras. La formación original, usualmente denominada Acoustic Masada, emplea la estructura del clásico cuarteto del saxofonista Ornette Coleman para crear una singular amalgama de free jazz y klezmer (música folklórica de los judíos centroeuropeos) y está integrada por: John Zorn en saxo alto, Dave Douglas en trompeta, Greg Cohen en contrabajo y Joey Baron en batería.
No es frecuente en Buenos Aires tener la oportunidad de escuchar una agrupación que exhiba semejante nivel de ajuste e interacción, producto de las exquisitas condiciones técnicas de sus integrantes sumadas a veinte años tocando juntos.
Sobre el escenario del Teatro Coliseo, la banda demostró una inusual dinámica, una interpretación visceral, participaciones solistas inspiradas y una sección rítmica estimulante y demoledora. El desarrollo de las composiciones incluyó una abundante utilización de los cambios graduales de intensidad (continuos crescendos y diminuendos), donde brilló la base rítmica animadamente conducida por el líder aprovechando la notable afinidad musical con sus acompañantes; y amplio espacio para los solos muy expresivos, llenos de matices de Douglas, y los encendidos, salvajes de Zorn. Entre los momentos destacados se puede mencionar: Mibi, firmemente orientada al free jazz, comprendió abruptos cortes y todo tipo de chillidos, rugidos y estridencias saliendo del saxo alto; Rahtiel, una agridulce balada de profundo dramatismo; y Tagriel, evocativa de los sonidos de medio oriente e impulsada por los tambores de Baron tocados con mazas.
Finalizada la actuación, la audiencia premió con su fervor una visita que merece ser recordada.

lunes, 13 de febrero de 2012

Medianeras (2011), de Gustavo Taretto

La ciudad separa, más aún cuando crece en forma caótica e incontenible.
Los edificios que se erigen son de menor tamaño y contienen unidades cada vez más pequeñas, oscuras e inhabitables
Del mismo modo que los departamentos reflejan las diferencias sociales, las personas tendrían las características de los espacios que habitan.
Martín (Javier Drolas) y Mariana (la española Pilar López de Ayala) están solos pero destinados a conocerse. El vive aislado producto de sus fobias. Ella no puede superar una separación.
Más interesante la historia de Martín que la de Mariana, suma los momentos más logrados en los que se recurre al humor, junto a aquellos en que se ofrecen apuntes sobre la arquitectura de Buenos Aires, entre los que destaca la anécdota sobre la construcción del edificio Kavanagh.
Contiene las participaciones de: Jorge Lanata, Romina Paula, Alan Pauls, Inés Efron, Adrián Navarro, Rafael Ferro y Carla Peterson, en sendos cameos, útiles para decir algo acerca de los personajes, pero sin llegar a dar forma a roles secundarios que habrían enriquecido el relato.
La dificultad que enfrenta Medianeras, que impide que el resultado sea más exitoso, es la de toda película que narra la vida de personas de clase media. Dado que se propone hablar de nosotros, los que habitualmente concurrimos al cine, debe tener algo que sea particularmente notable para contar, que nos descubra lo que nos cuesta ver aunque no esté oculto. Un poco más que las ciudades superpobladas y las nuevas tecnologías generan aislamiento. Un ejemplo magistral al respecto sería Manhattan, la obra maestra de Woody Allen, cuya última escena el debutante realizador Gustavo Taretto incluye en su film.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Alamar (2009), de Pedro González-Rubio

De vez en cuando, el cine nos recuerda que existe un modo diferente de vivir. En tiempos en que la mayoría de la población habita en las grandes ciudades, la decisión de residir en un ambiente natural es toda una declaración de principios y una poderosa inspiración para quienes desean adoptar un forma de vida más saludable. Alamar, a mitad de camino entre la ficción y el documental, lo que podría ser ya, de por sí, todo un género, narra una historia simple: una pareja con un hijo se separa y antes de ir a vivir con su madre a Roma, el niño pasa unos días con su padre en el Caribe mexicano. La película destaca la importancia de recuperar los vínculos originarios con la naturaleza y los padres, recreando la rica experiencia de tres generaciones compartiendo a diario el primitivo oficio de la pesca, revalorizando la transmisión de conocimientos de padres a hijos.
Todo transmite naturalidad, en lo cual colaboran la proximidad con el escenario lograda por el director Pedro González-Rubio y la tarea de los actores no profesionales.
Entre distintos momentos destacados que capturan el modo en que Jorge (Jorge Machado) se relaciona con su hijo Natan (Natan Machado Palombini), son asombrosos aquellos que incluyen a la garza Blanquita, en escenas raramente vistas por su sugerente contenido en favor de la necesaria integración del hombre con el medio silvestre.
Alamar, que obtuviese el merecido premio a la mejor película en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires 2010, tiene como objetivo sumar apoyo a la causa de declarar Patrimonio de la Humanidad a la biosfera de Banco Chinchorro, la segunda cadena de arrecifes de coral más grande del mundo, ubicada en la península de Yucatán.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Drive (2011), de Nicolas Winding Refn

Habría sido deseable que los productores de Drive decidieran realizar una película con la finalidad de divertimento, similar a The Transporter, protagonizada por la estrella de filmes de acción Jason Statham. En cambio, tuvieron la pretensión de hacer una seria, añadiendo un tono oscuro, deudor del noir. Lamentablemente, olvidaron abastecerse de un guión sólido y de un reparto adecuado. Por el contrario, contrataron al director Nicolas Winding Refn, quien demuestra carecer de ideas y para compensar recurre a todo tipo de referencias cinematográficas. A modo de ejemplo, en el inicio tiene lugar, en plan homenaje, una persecución de coches copiada de The Driver (Walter Hill, 1978). A su vez, es inevitable pensar en Bullitt (Peter Yates, 1968), emblemática dentro del subgénero dominado por tales escenas.
El guión es mínimo, casi inexistente. Un conductor que presta servicios asegurando la fuga en robos y como doble de riesgo (en este último caso, sólo para justificar el uso de un disfraz), conoce a una vecina en el edificio que habita y comienzan una relación que se interrupe cuando el esposo sale de la cárcel. Con el propósito de ayudarlo a saldar viejas cuentas, el conductor decide participar de un asalto.
La intención que subyace es recrear el western, trasladado al ámbito urbano de Los Angeles, donde un (anti)héroe que vive sin involucrarse, se enfrenta a una banda de delincuentes para proteger a una mujer y su hijo, logra ponerlos a salvo y continúa su camino.
El protagonista de Drive, Ryan Gosling, parece adscribir a una novedosa técnica de actuación que consistiría en pararse delante de la cámara y no hacer absolutamente nada, procurando un máximo de expresividad con los mínimos elementos. Demora una eternidad en responder a una pregunta por demás simple, buscando quedar ensimismado y rudo, mas da tonto. En verdad, la explicación a semejante desatino proviene de otra "fuente de inspiración": Taxi Driver (Martin Scorsesse, 1976), que incluye una soberbia composición de Robert De Niro, pero la comparación sólo puede funcionar en términos de parodia. A su turno, el personaje de Irene (Carey Mulligan), carece de verosimilitud, representando una joven de una extrema fragilidad e inocencia, en el rol de esposa de un criminal. Estas actuaciones rivalizan por su inconsistencia, pero en sentido opuesto, con la sobreactuada interpretación de Ron Perlman en el papel de Nino. Más convincente resulta Albert Brooks, desempeñándose como un mafioso de nombre Bernie Rose.
No hay ideas visuales que asombren por ingeniosas en todo el metraje. Incluso las escenas de acción son de factura pobre y escasas de atractivo. Sorprende enterarse que el realizador recibió el premio como mejor director en el último Festival de Cannes.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Paolo Fresu Devil Quartet - Teatro 25 de Mayo, 5 de noviembre de 2011

El jazz italiano se caracteriza por su energía, su desenfado, y una mayor influencia de la tradición norteamericana en relación a otras plazas europeas. El fliscornista y trompetista Paolo Fresu, uno de los intérpretes más representativos de la mencionada escena, se presentó por primera vez en Argentina como invitado en el Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires 2011, junto a su Devil Quartet, integrado por Bebo Ferra (guitarra), Paolino Dalla Porta (contrabajo) y Stefano Bagnoli (batería). Paolo Fresu tiene una técnica magnífica, que redunda en un tono admirablemente claro, limpio; mientras que la banda sonó muy ajustada, demostrando intensidad en las piezas rápidas y sensibilidad y calidez en las reposadas, siendo definitorio el empleo de electrónicos por Fresu y Ferra. Los temas: Giovedi, que inicia como una balada, para continuar en un medio tiempo con el contrabajista tocando walking bass; Mimí, otra balada, esta vez con el líder empleando el flügelhorn y efectos, y Dalla Porta luciendo con un solo; Another Road to Timbuctu, firmemente enraizada en el bop, donde el cuarteto acelera el paso, entregando una interpretación incendiaria, incluyendo la primer participación del guitarrista inspirada en el rock; un medley de Game #7/Elogio del Discount, basada en una forma compositiva perteneciente al barroco, adaptada a los tiempos actuales; Nina Nanna per Andrea/Inno alla Vita, otro medley, esta vez baladístico, donde Fresu utiliza una trompeta con sordina, emulando a su admirado Miles Davis; Moto Perpetuo, con Fresu de nuevo en flügelhorn, modificando su sonido con un efecto electrónico; el bis, E se domani, una balada de Carlo Alberto Rossi, dedicada a los niños.

domingo, 9 de octubre de 2011

Lenny Kravitz - G.E.B.A., 2 de octubre de 2011

En el marco del Personal Fest '11, se presentó Lenny Kravitz, en lo que significó mi regreso a los recitales de rock. Debo admitir que tenía mis dudas con Lenny, debido menos a sus indudables cualidades como performer, que a la falta de inspiración que lo afecta desde hace más de una década, la mitad de su carrera por cierto, aún cuando en su último álbum llamado Black and White America, experimenta una mejoría.
Lo presenciado en la sede Jorge Newbery del Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires permitió advertir que se encuentra en estupenda forma, hecho que sumado al acompañamiento impecable de su grupo, fue resumido por el comentario de una señorita a su amiga: "La voz, todo es como en el disco", y recompensado por la audiencia, que entregó su calor en la inesperada fría noche de primavera.
Es una pena que el prejuicio que padece Kravitz, puesto de manifiesto en frecuentes sentencias de críticos e incluso oyentes, quienes lo acusan de ser meramente un imitador, y me animo a afirmar, no han escuchado a Jimmy Hendrix, Led Zeppelin, James Brown, Sly Stone, Curtis Mayfield o Parliament, impida reconocer, con mayor relevancia, la creativa amalgama de rock clásico, soul, funk y psicodelia que el neoyorquino ha elaborado. Es destacable, ese ingrediente de música negra que, en la actualidad, está ausente excepto en propuestas cuyo contenido principal es el hip-hop.
El señalado componente estuvo un poco diluido en su presentación en Buenos Aires, manifiesto primordialmente en los arreglos característicos de la música disco de Black and White America, introducida por un solo de trompeta sobre unos acordes de piano eléctrico, y en la prodigiosa It Ain't Over 'til It''s Over, inspirada en Earth, Wind & Fire y el sello Motown, dado que el repertorio ofrecido enfatiza en sus temas más definidamente roqueros, a los que debe agregarse el cover de The Guess Who, American Woman, especialmente movilizantes para un show en vivo. A modo de ejemplo, pueden citarse: Come On Get It, melodía empleada para difundir el disco y razonable elección para abrir el show, Where Are We Runnin'?, Rock Star City Life, y sus éxitos pertenecientes a los noventas, tales como Fields of Joy, Always on the Run, Fly Away y Are You Gonna Go My Way?, esta última causante de un multitudinario pogo. En el final, los músicos sentados al borde del escenario, recreando un ambiente de intimidad junto a sus seguidoras, realizaron dos versiones propias de fogón de I Belong To You y Again, esta última, en mi opinión, una de sus canciones más pobres. El bis llegó con una interpretación de Let Love Rule que se extendió por casi veinte minutos, e incluyó una gira en plan proselitista de Lenny por el campo del estadio, cerrando una noche en la que brindó lo mejor que tiene para dar.

sábado, 8 de octubre de 2011

Lenny Kravitz - Black and White America (Roadrunner Records, 2011)

La fórmula que Lenny Kravitz patentara a principios de los noventa con tres fantásticos primeros discos: Let Love Rule, Mamma Said y Are You Gonna Go My Way?, una notable relectura de las estilos musicales populares con raíces negras que dominaran los sesentas y setentas, desde una buena cantidad de años atrás, ha perdido eficacia. A partir de 5 (1998), donde hiciera algunos intentos de refrescar, rejuvenecer su propuesta, que en Circus todavía conservaba buena parte de sus méritos, agregando poco convincentemente loops y algunos sintetizadores analógicos, comenzó a dar signos de ostensible cansancio y a lucir un tanto deslucida, desteñida. Los temas incluidos en sus álbumes editados en la primera década del siglo XXI, son de factura pobre y los elogiables arreglos de antaño brillan por su ausencia. Su nuevo álbum, Black and White America, más allá de nuevos intentos poco fructíferos e innecesarios de aggiornamiento, lo que queda expuesto con mayor claridad en Boongie Drop, donde participan los rappers Jay-Z y DJ Military, una canción cuya inclusión es un poco forzada; y que Rock Star City Life parece parodiar sus mayores éxitos, manifiesta una recuperación. El material refleja muchas más luces que las un tanto anémicas entregas anteriores, destacándose el sabor funk en el tema que da nombre a la placa, que iba a llamarse convenientemente Negrophilia, el poderoso Come On Get It, el falsete con sabor a Marvin Gaye en Liquid Jesus, un tributo explícito (anticipándose a sus detractores) a James Brown, de nombre Life Ain't Ever Been Better Than It Is Now, reminiscencias de música disco setentista en Superlove y los beats repetitivos de la magnífica Sunflower. ***1/2

viernes, 7 de octubre de 2011

Nadie lo quiere creer (La patria de los espectros) - La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía la Baja, Teatro 25 de Mayo, 30 de septiembre de 2011

La compañia La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía la Baja, que según señala la prensa española acostumbra brindar más funciones en el exterior que en su tierra natal, presentó en el Teatro 25 de Mayo, ubicado en el barrio de Villa Urquiza, su nueva obra Nadie Lo quiere creer (La patria de los espectros), una acabada muestra de su personal visión de la dramaturgia, que remite a del Valle-Inclán, y contiene buenas dósis de grotesco, humor negro y sarcasmo, dando vida a esperpénticos, decadentes personajes, a los que expone con crudeza pero también de un modo piadoso, rescatando la humanidad de quienes se enfrentan, con las insuficientes armas de que disponen, al deterioro y la degradación.
En esta pieza, la escenografía es despojada y se caracteriza por el inteligente uso de los escasos objetos, entre los que destaca una sábana (!) con la que montan diversas escenas, tres ventiladores de pie, la estructura de madera de un reloj antiguo que hará las veces de ataúd, un pavo real embalsamado, cuatro sillas y un maniquí.
La música, perteneciente a la Banda Cimarrona de Costa Rica, es otro elemento que adquiere sumo valor, siendo utilizado para unir las distintas escenas.
El singular texto de Eusebio Calonge describe las miserias de una anciana señora enferma perteneciente una distinguida familia que ha perdido la acomodada posición que ostentaba, ocupada en organizar su propio funeral, mientras rememora a sus ancestros, habitando una casona en ruinas junto a una también añosa sirvienta y a un supuesto sobrino que se disputan su escuálida herencia.
Nadie lo quiere creer habla sobre el transcurrir inclemente del tiempo, donde la vida lenta, progresivamente, se escapa, dejando a su paso aflicciones y pesares.
Al finalizar, los actores (geniales Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos) no salen a saludar, pues sus personajes han quedado disecados.

lunes, 26 de septiembre de 2011

En un mundo mejor (In a Better World, 2010), de Susanne Bier

Elias (Markus Rygaard) es un joven alumno de un colegio secundario en Dinamarca, que carga con el peso que supone un trámite de divorcio de los padres, por lo que tiene un carácter retraído. Cuando Christian (William Jøhnk Nielsen), recién llegado de Londres con su propia mochila a cuestas, la muerte de su madre, comienza a asistir a clases y un profesor los hace sentar juntos, se establece un vínculo que se fortalece en el momento que Chistian, en una explosión de ira contenida, golpea a un compañero que somete a Elias a constantes maltratos. El hecho llega a conocimiento de las autoridades, quienes no parecen dispuestas a intervenir decididamente, mientras que los padres enseñan a sus hijos que la violencia sólo engendra violencia. Anton (Mikael Persbrandt), padre de Elias, uno de esos "médicos sin fronteras", director de un campamento de refugiados en Africa, tiene la oportunidad, frente a sus hijos y a Christian, de dar el ejemplo en eso de no responder a la agresión de los demás, cuando otro adulto, padre de un niño que tiene un entredicho con el hermano menor de Elias, le propina varias bofetadas en el rostro y lo insulta, discriminatoriamente, en razón de ser sueco. La cineasta Susanne Bier relaciona a la Europa civilizada con la Africa bárbara, al equipar los mencionados hechos de violencia con la brutalidad del líder de un grupo de bándidos que asesina a mujeres embarazas de la comunidad donde se encuentra situado el hospital de campaña. Ocasión en la que el doctor demostrará que también tiene sus límites a la hora de poner la otra mejilla.
El problema con la realización danesa En un mundo mejor es que, a pesar de su origen, no presenta nada novedoso y tiene todo lo que uno espera encontrar en una película producida por la gran industria del cine norteamericano. Por lo que no sorprende que recibiera el premio Oscar a la mejor película extranjera. Actuaciones y rubros técnicos tienen una labor impecable y es contada con solvencia. Pero la directora no resiste a la consabida tentación de dar un mensaje. Subyace una intención aleccionadora, que no se contenta con exponer un mundo aquejado por graves conflictos, más allá de la abundancia o la pobreza que caracteriza a cada región, sino que se decide a resolver convenientemente cada disputa para concluir en un amable final feliz. No vaya a ser cosa que alguien se sienta incómodo. Se trata de que los espectadores asistan a la crueldad que es cotidiana en un lugar distante y, a la vez, que tomen conciencia de aquella que es común donde ellos habitan. Al finalizar la proyección, abandonen el cine y continúen con sus vidas sin alterarse demasiado y sin que se les ocurra participar de manera de modificar dicha realidad. Es el sentido moral que pertenece a quienes tienen el poder de fabricar una visión del mundo a su voluntad. La idea misma de happy ending hollywoodense es falsa, frívola, maniquea e hipócrita.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Tejido abierto. Tejido Beckett - Teatro Nacional Cervantes, 17 de septiembre de 2011

Objetos y palabras cobran vidan en el teatro. En el escenario, adquieren una magia en un modo que no está presente en otros medios de expresión.
Las vías del tren, una escalera, una bicicleta, valijas viejas, un laúd que parece una creación de Les Luthiers, el torso de un maniquí, son elementos que en su empleo por los actores producen una multiplicidad de significados que en el cine o la televisión son reemplazados por una costosa parafernalia sin obtener, usualmente, semejantes resultados.
La compañía española Tejido abierto, dirigida por el dramaturgo argentino Jorge Eines, toma su nombre del modo de concebir su propio trabajo: una elaboración compartida por director y comediantes que busca descubrir nuevas connotaciones hurgando en los componentes de una obra.
Tejido abierto. Tejido Beckett es un texto compuesto a partir de la combinación de elementos de distintas piezas, incluso literarias (Molloy, Malone muere), de Samuel Beckett, que tiene la intención de reconstruir su universo, añadiendo en el final, un matiz optimista.
A partir de una misma caracterización original del personaje de Bellacqua Shuah, un fabricante de laúdes que Beckett extrae de la Divina comedia de Dante, los protagonistas se transvisten en aquellos que son propios de la reconocida dramaturgia del autor irlandés. A pesar de su raigambre común, la introducción fragmentaria de los personajes beckettianos, propiciada por la metodología elegida por el grupo, resta un poco de cohesión al relato que, durante una hora y veinticinco minutos de duración, expone los temas que definen el material recreado: el sinsentido de la existencia, la angustiosa espera de la muerte, el empecinamiento por continuar.
La puesta en escena se divide en cuatro situaciones: en la primera, los cuatro intérpretes parten de una composición común para hilvanar, proyectar, los arquetipos de Beckett; en la segunda, indaga acerca del amor y el deseo; en la tercera, asoman los vínculos de dominación que se establecen entre los vagabundos Vladimiro y Estragón, o Pozzo y su esclavo Lucky, de Esperando a Godot; y entre Hamm, el rey ciego, y su sirviente Clov, de Fin de partida; en la cuarta, referencias a Esperando a Godot; Krapp, la última cinta magnética; y Los días felices.
Ante la postergación de un final inevitable, a la expectativa de un tren que no arriba, aún queda espacio para la reafirmación del ser.

domingo, 11 de septiembre de 2011

John Scofield Quartet - Teatro Gran Rex, 8 de septiembre de 2011

Concurrí a presenciar el concierto de John Scofield sin muchas expectativas, en virtud de los siguientes antecedentes: mediato, su visita a nuestro país de enero de 2007 (regresó un año y medio después para brindar un recital en el que no estuve), donde tocó un poco de todo sin convencerme; e inmediato, su nuevo álbum A Moment's Peace, un tanto flojo en mi opinión, lo que parece confirmarse habida cuenta que el guitarrista interpretó sólo un tema perteneciente al mismo en el show (Simply Put). La referencia a tener en cuenta es, en cambio, un DVD publicado el año pasado con el título de: New Morning, The Paris Concert. Pero, afortunadamente, mis dudas fueron disipadas, por lo que, en definitiva fue una actuación, también variada en términos estilísticos, pero mucho más consistente que la brindada hace más de cuatro años. Tal mérito debe ser compartido con sus acompañantes: Michael Eckroth en piano y órgano, Ben Street en contrabajo y Bill Stewart en batería, quienes tuvieron una labor más sólida que la correspondiente a sus pares en aquella oportunidad (John Patitucci en contrabajo y Kendrick Scott en batería). La agrupación hizo lo suyo ("Nos complace tocar para uds. jazz, rock, fusion, experimental"), ante una nutrida concurrencia ("Cada vez que venimos nos sentimos como estrellas de rock").
No obstante lo dicho, me gustaría sugerir que Scofield ha modificado un tanto su sonido, no agregando tanta distorsión, perdiendo un poco ese toque en el que cada nota tenía la intensidad de la descarga eléctrica de un rayo.
Los temas: Ten Taken; el clásico The Night Has A Thousand Eyes; el fusionesque Still Warm; Slinky, con un soberbio solo de Sco; ritmo de bossa en el mencionado Simply Put; un acercamiento al free con una introducción donde el guitarrista emplea samples llamado Lost Found & Inbetween; el infaltable funk con Groove Elation; mientras que el bis llegó con The Guiness Spot, incluido en Meant to Be (1991).