lunes, 20 de septiembre de 2010

El rebelde mundo de Mia (Fish Tank, 2009), de Andrea Arnold

Resulta difícil de comprender, al menos para mí, la atracción que ha generado esta película en algunos críticos y jurados de festivales internacionales de cine. Segundo film de la directora Andrea Arnold, El rebelde mundo de Mia, según los acostumbrados poco afortunados títulos locales, busca retratar a una inadaptada adolescente (Katie Jarvis), que vive junto a su madre alcohólica y su precoz hermana menor, en un departamento de viviendas populares en los suburbios de Essex. Heredera muy menor del realismo social británico, puede pensarse en el primer Ken Loach y, en particular, claramente emparentada con la soberbia Rossetta de los hermanos Dardenne, no se atreve a profundizar aquello que sugiere. Luego de seguir a su protagonista en su deambular sin dirección, ocupada en pelearse con su madre que la desatiende, con su hermanita con quien se relaciona a base de insultos y con los jóvenes de su misma edad, con quienes se muestra hostil y por los cuales es rechazada, y mostrarla practicando incipientes pasos de hip-hop, lo que parece ser su única afición, pone su atención en la iniciación sexual de Mia y en el modo de escapar de su destino en un internado al que su madre ha decidido enviarla. Pero todo de un modo muy pueril, utilizando remanidas imágenes que representan metáforas, como su intento de liberar a un caballo que se encuentra atado en un descampado, el pez muriendo fuera del estanque o el globo ascendiendo entre descoloridos edificios. Tanto la Rosetta de los realizadores belgas o la Emmanuelle de El año siguiente de Isabelle Czajka, tienen mayor densidad, mayor complejidad y riqueza. Todo el valor de la película consiste en que recuerda a otras que contaron lo mismo sólo que mejor.

1 comentario:

soyo dijo...

Lo que disfruté más fue la versión de California Dreamin' de Bobby Womack que se escucha varias veces. Maravillosa.