jueves, 24 de diciembre de 2009

La sangre iluminada (2007), de Iván Avila Dueñas

Y sin embargo me duele
decirle adiós a la vida,
esa cosa tan de siempre,
tan dulce y tan conocida.
(Milonga de Manuel Flores, letra de Jorge Luis Borges)

Un hombre entra en una fuente en la ciudad de México, le sangra la nariz y se desmaya. La acción continúa en Zacatecas donde un niño de nombre Hugo dice ser Mateo, de 35 años, tener esposa y un hijo, y haberse desmayado en una fuente en México. Durante el relato seis personas están unidas por un fenómeno de transmutación. El alma de Mateo va a mudar acumulando vivencias y un profundo desasosiego debido a un sentimiento de pérdida. Pocos detalles permiten percibir el transcurso del tiempo y los cambios. Un cruce de caminos, los desmayos, una cadena con dos fotos. El cineasta contó en una entrevista que, junto a la directora de arte Ivonne Fuentes, trabajaron en buscar las referencias mínimas que produjesen en el espectador una reacción de memoria, y en particular de nostalgia, porque ese era el tema principal.
En una escena esencial, Isaías describe a su amigo Chava el sentimiento de melancolía que embarga a quienes comparten esa extraña naturaleza:

"¿Y cómo se siente dejar a tanta gente en cada vida?
Del carajo.
Da una tristeza...

Vienes a una vida ya empezada...
a resolver mierdas que no son tuyas
y a la mitad te vas.

Y esa vida tenía recuerdos, amigos...
Y siempre te vas rápido...
De todas maneras te encariñas".

El film se inspira en el libro de poemas Relación de los hechos de José Carlos Becerra y en El libro del desasosiego de Bernardo Soares, uno de los heterónimos del escritor portugués Fernando Pessoa, a quienes está dedicado.
Las interpretaciones son logradas, destacándose Joaquín Cosío en el rol de Isaías, quien alcanza gran intensidad dramática en el momento del desenlace. Iván Avila Dueñas utiliza un argumento fantástico para realizar una profunda meditación sobre la condición humana y la angustia existencial.

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