sábado, 19 de diciembre de 2009

Vivamos otra vez (C' est quoi la vie?, 1999), de François Dupeyron

El protagonista de Vivamos otra vez (Eric Caravaca) busca encontrar un sentido a la vida frente a las dificultades que impone la modernización de las tareas del campo. Su padre se suicida urgido por las deudas y él debe hacerse cargo de la granja y de su familia, constituida por su hermana menor y sus abuelos. Así, aprenderá poco a poco el oficio de vivir y encontrar su lugar en el mundo. Para ello será determinante el reconocimiento de la relación que une a su abuelo (Jacques Dufilho) con la tierra, asociado a los simples placeres experimentados en la observación de una puesta de sol o en la faena de colaborar en el nacimiento de un ternero, junto al descubrimiento del amor. La película, lejos de una supuesta postura conservadora o moralizante, revaloriza la familia, la naturaleza y la tradición como un refugio contra la deshumanización del trabajo y la costosa inserción de los espacios rurales en la economia impuesta por las leyes de mercado. La muy bella fotografía de Tetsuo Nagata retrata ese ámbito apartándose del mero paisajismo para entregar imágenes poéticas y conmovedoras. François Dupeyron, por su parte, demuestra toda su destreza dotando a sus actores de una inusual espontaneidad y a su film de una enorme semejanza con la vida misma.

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